MARITZA

País de origen Honduras 
Año de nacimiento 1970 
Problemática Homofobia
Situación actual Refugiada

Maritza nació en Honduras en el año 1970 en la ciudad de Puerto Cortés, al noroeste del país, muy cerca de la frontera con Guatemala. A sus 48 años ha experimentado una sinfín de situaciones difíciles y experiencias escalofriantes.

Creció en un ambiente altamente nocivo, pues su madre se dedicaba a la prostitución y su infancia transcurrió en la habitación contigua al lugar de trabajo de su progenitora. En muchas ocasiones presenciaba o escuchaba escenas no aptas para una niña de su edad. Desde muy pequeña aprendió a odiar al sexo opuesto, dado que veía el trato vejatorio que recibían tanto su madre como sus compañeras. Admite con pesar que en Honduras es normal que las mujeres sean menospreciadas y maltratadas por los hombres, quienes además practican habitualmente la poligamia, siendo común dejar embarazada a una chica para luego abandonarla.

“Me crié entre chulos y putas. Los burdeles eran mi segundo hogar."


HONDURAS

En Julio de 2018 Oxfam Internacional publica el informe “Rompiendo moldes”, con la intención de transformar imaginarios y normas sociales, y así tratar de eliminar definitivamente la violencia contra las mujeres en toda Latinoamérica. En él se recopilan algunos datos y estadísticas sobre Honduras –extrapolables también a países vecinos– realmente preocupantes: El 65% de los varones entrevistados (de entre 15 y 19 años) legitiman los celos como prueba de amor y de una relación de pareja sana. Un 86% de los jóvenes creen que no es apropiado inmiscuirse en peleas de pareja. El 70% considera que las lesbianas deben esconder su orientación sexual. El 68% culpabiliza a las víctimas debido a su vestimenta.

Recientemente, muchas mujeres hondureñas –víctimas de una violencia machista estructural– se han unido a algunas de las enormes “caravanas migrantes” que desde hace meses peregrinan por Centroamérica con la intención de llegar a Estados Unidos.


En un determinado momento su madre toma la decisión de huir a la capital del país, ya que su marido la maltrataba constantemente. Maritza comienza a vivir con sus tíos, en una etapa de la que guarda pésimos recuerdos, pues él abusaba sexualmente de ella. En este contexto, se le plantea una disyuntiva nada agradable: mudarse a Tegucigalpa con su madre, quien seguía ejerciendo la prostitución, o bien permanecer donde estaba y seguir sufriendo los excesos de su padrino. Finalmente, a los dieciséis años opta por una tercera vía y se escapa de casa, con la intención de abandonar el país y migrar a Estados Unidos. "Si no hubiese huido a Los Ángeles, quién sabe lo que hubiera sido de mi." 

El dos de agosto de 1986 comienza una travesía –caminando y haciendo autoestop–, que culmina con su llegada a Estados Unidos el Día de Acción de Gracias. Se instala en Los Ángeles con la ayuda de algunos familiares residentes en el país y construye de cero una nueva vida. A pesar de enfrentarse también allí a un sinfín de dificultades, Maritza define esa época como la más feliz de su vida: se casa y da a luz en el 1990 a su hijo, se forma en la universidad de Arte y Arquitectura y consigue un trabajo que le permite llevar una vida acomodada. En año 1993 experimenta un punto de inflexión en su vida, pues tras una noche de fiesta con amigos acabará reconociendo por primera vez y abiertamente que es homosexual. Durante los 18 años que vive en EEUU conoce una sociedad mucho más abierta y tolerante que la hondureña. “Aquello me abrió los ojos. Nunca había visto una lesbiana femenina, ni en la televisión."

Sin embargo su propio “sueño americano” termina en 2004, cuando se ve afectada por la oleada masiva de deportaciones impulsada por el entonces Presidente George W. Bush. Forzada a regresar a Honduras, se enfrentarse de nuevo a una sociedad que siempre había detestado. Tras su larga estancia fuera del país el choque cultural es aún mayor, pues no se siente comprendida, ni protegida, ni representada. En los años sucesivos trabajó como maestra, hasta que la directora del centro la despidió tras descubrir su orientación sexual. La gota que colmó el vaso llegó en 2007, cuando una de sus mejores amigas quiso anunciar su homosexualidad abiertamente y fue asesinada brutalmente por su ex-pareja y dos amigos de éste. Maritza estaba convencida de la identidad de los culpables, y lo denunció a la policía. Las autoridades no sólo no hicieron nada al respecto, sino que además afirma que en la autopsia de Diosa Lorena (así se llamaba la víctima) figuraba como causa de la defunción “muerte natural”. A los pocos días fue amenazada y señalada como la siguiente víctima. Sin pensárselo dos veces hizo las maletas y en 2008 aterrizó en España.

Relata que cuando llegó a nuestro país no era en absoluto consciente de que podía solicitar protección internacional. Ella simplemente buscaba dejar atrás su pasado y ganarse la vida, esta vez como tatuadora. No es hasta el año 2011, cuando le informan sobre dicha posibilidad, que presenta su solicitud de asilo. Casi dos años más tarde, en 2013, obtiene una resolución favorable y consigue el estatus de refugiada.

Maritza es todo un ejemplo de superación personal y emprendimiento. En el año 2017, y con la ayuda de su actual pareja, crea su propio negocio en la ciudad de Barcelona. Se trata de un salón de tatuajes llamado “Diosas”, un nombre que brinda homenaje a su difunta amiga hondureña, y que simboliza la lucha de muchas mujeres.

"Mi aspecto es artificial. Un disfraz que por desgracia debo ponerme para ser alguien en el sector."

“De no haber huído, hubiese sido la siguiente en morir."

Alain

Andrii

Maritza

Amina

Yaasir

Lambert

Mahmoud

Enhamed

George

Laura

EQUIPO BARCELONA

Este proyecto documental ha sido posible gracias al esfuerzo de un equipo multidisciplinar integrado por:

Javier Corso

Coordinador / Fotógrafo

Alex Rodal

Editor Jefe / Investigador

Laura Van Severen

Diseñadora